jueves, 28 de abril de 2016

#1 Entrevista a Barbara L. Shackleton, protagonista de La novelista fingida, de Rafael R. Costa

Me encuentro en el Korsakoff apurando los últimos tragos de mi refresco mientras observo que un grupo de mujeres me miran y cuchichean entre ellas. Creo que mi indumentaria no debe ser la apropiada, o quizá estén destripándome por estar sola en un bar. Mi cita se retrasa. Intuyo que quiere hacerse la interesante, pues sabe de mis ansias por entrevistarme con ella y la admiración que le profeso. Fuera hace frío. Es por ello que el vaho de la cristalera me impide ver si se aproxima por alguna de las calles aledañas. Los minutos pasan y la espera se me hace eterna. Además, los cuchicheos comienzan a angustiarme. Justo cuando doy el último trago a mi copa con intención de abandonar presta ese ostentoso lugar, el tintineo de la puerta me obliga de forma involuntaria a girar la cabeza con el deseo de reconocerla. Y ahí está. Viene con un abrigo de piel negro y un sombrero encajado hasta las cejas. Antes de siquiera cruzar  saludos, el camarero se acerca para ayudarle a quitarse el abrigo y retirarle la silla. Diría que es un gesto muy cortés si a mí no me hubiese ignorado cuando llegué hasta el punto de tener que acercarme yo misma a la barra para pedir mi consumición. Siempre hubo clases, pensé. Se sienta frente a mí y, tras encenderse un pitillo y pedir al sirviente un Vodka ucraniano, la gran Barbara L. Shackleton se lanza:

B: Aquí me tienes, querida. Dispara.

C: Buenas tardes Señorita Shackleton, espero no haberla importunado con mi insistencia, pero como sabe, somos muchos los lectores que tras conocer su historia nos quedamos con ganas de saber más de usted. Entiendo que al aceptar la propuesta, consciente que le haga una serie de preguntas que quizá no sean del todo de su agrado. De sobra sabe que me inquieta. Intuyo que detrás de Barbara L. Shackleton, mucho más allá de Rita Amber, existe una niña capaz de justificar (o no) su comportamiento. Hábleme de su infancia; familia, amigos, etapa escolar…

B: Querida mía... deberás disculparme porque no conozco a ninguna señora Amber... Hablas de justificar mi comportamiento cuando es la vida la que debiera justificarse.  Hay personas que se adaptan al mundo: son la mayoría, y lo hacen para sobrevivir; otras, adaptan el mundo a sus necesidades... y lo hacen para transformarlo. ¿Hay mayor justificación que la de mover adecuadamente las fichas en el tablero? En cuanto a mi infancia no encuentro nada sobresaliente en ella, fui como cualquier chica de Chicago, cuyo padre era arquitecto y su madre redactora de una revista de modas...  la dejan huérfana con diez años. ¡Un accidente de tráfico, querida!  Estudié en los mejores colegios de Illinois y mis primeros escritos se publicaron en los periódicos de secundaria. ¡Mi profesora insistía en que debía publicarlos!
Conté con los amigos necesarios en cada etapa. Verás... querida, los auténticos amigos son escalones... una vez que has conseguido subirlos, cambias de amigos que te aporten nuevos escalones. Es fácil. Y muy necesario. Aunque no me avergüenza decir que era muy popular y respetada.

C: ¿Recuerda a su primer amor? ¿Cuándo y qué sucedió?

B:  Jajaja... No... Me resultaría imposible porque... bueno, de mí se enamoraban en grupos, llegué a corresponder a tres chicos distintos y a los tres les decía que eran el único. Eran un poco bobos, pero ellos me dieron los primeros besos y con ellos me fumé el primer cigarrillo.
Se muestra distante. Me hace sentir inferior solo con su mirada. Pido un nuevo refresco para aclarar mi garganta y tragarme el nerviosismo. Continúo:

C: ¿Quién es la persona a la que más ha odiado y por qué?

B: Odio a poca gente... El odio es un sentimiento, prefiero que me resulten indiferentes. Pero si algo odio, o a alguien... ¡sí!, a esos escritores que se creen con pluma de oro y en realidad usan un palito untado con yesón de paloma. ¿Quieres un ejemplo? Stephan Wells...

C: ¿ Y a la que más ha amado?

B: ¿A la que más he amado? Me ocurre igual que con el odio... prefiero la indiferencia, pero reconozco que tuve una buena amiga... quien me presentó a una fantasma que se cortaba el pelo como un muchacho, llamada... Ya no lo recuerdo, querida; deberías leerte mis novelas. 

Se hace un silencio. Claro que sé de quién habla, pero no insistiré. Tras estas confidencias se muestras intranquila, actitud que me hace verla mucho más vulnerable. Prende otro pitillo que encasqueta en su larga boquilla y con un gesto pide al camarero que rellene su copa. No sé si será bueno seguir en esta línea sentimental. Trato de cambiar de tercio para que no se sienta violenta.

C: En los momentos previos a vencerte al sueño, ¿cuáles suelen ser sus últimos pensamientos?

B: Siempre escucho una botella de champán al descorcharse. Y música, relajante, una canción de Peg La Centra... Bailo... en un gran salón, todos me miran, doy vueltas, hay luces y luego me duermo.

C: ¿Recuerda lo que sueña? Y de ser así, ¿cuáles son sus sueños más recurrentes?

B: No suelo prestar atención a los sueños. Estoy muy ocupada, querida. Si acaso caballos blanquinegros...  Sí, cabalgando en un caballo blanquinegro por la orilla del mar... Y a veces con montañas de mi próxima novela, montañas grandes como las pirámides... Bueno, una vez soñé que era la protagonista de una ópera... Pero, en definitiva, los sueños no son importantes. Cuando me miro al espejo sé que esa no soy yo, sólo es un reflejo. Yo soy quien se mira al espejo, no la imagen reflejada. ¿Puedes pedirme otro vodka, por favor? Pues ocurre igual, yo soy la que despierta, la que sueña, no lo soñado.

Me apresuro a pedir su consumición, haré lo que me pida mientras siga respondiendo a mis preguntas. El momento que estoy viviendo es impagable.

C: Señorita Shackleton, descríbame cómo es para usted la vida perfecta y el mundo ideal.

B: Conservar la belleza, el talento y mi mansión cerca del mar. El mundo ideal es una masa de lectores ansiosos por leer mi próxima novela, pero alejados de la entrada de mi casa. Escribo para ellos, pero no los quiero aquí. Son vulgares. Si fueran interesantes serían escritores, ¿no? Pero son simples lectores, ese sería el mundo ideal.

Creo que se muestra molesta por no haber entrado aún en temas literarios. Ella es la gran Barbara L. Shackleton, y una simple lectora, lejos de dorarle la píldora y alabar su trabajo, se está metiendo en temas personales. Vuelvo a cambiar de tema radicalmente.

C: Aparte de la gran novela que todos conocemos, ¿de qué historia ya escrita le hubiera gustado ser autora?

B: De las Mil y Una Noches... Aunque yo hubiese ampliado un millar de noches más, y Scherezade habría sido decapitada finalmente.

C: ¿Qué hubiera hecho para conseguirlo?

B: Supongo que engatusar al Califa. Es muy sencillo. Los califas no suelen tener talento.

C: ¿Cree que es suficientemente buena para conseguir el éxito por tus propios medios?

B: No sé qué pretendes decirme, querida. ¿Vender varios millones de libros no te parece suficiente? ¿Mis propios medios, dices? Jajaja... ¿Acaso piensas que tengo una varita mágica? Los lectores me quieren, me adoran. Dame cualquier panfleto, por malo y ridículo que resulte... si yo lo firmo ellos lo comprarán. Quieren ver mi nombre: Barbara Shackleton... Prefieren el envoltorio al bombón. ¿Seguro que eres periodista?

Me disculpo por si se ha sentido ofendida. Me agarro a la excusa de estar haciendo mi trabajo. Asiente con desgana y, con un gesto de cabeza, me invita a que continúe:

C: ¿Sobre qué personaje, influyente o no, le gustaría escribir?

B: Supongo que escribir la vida secreta del Presidente de los Estados Unidos...

C: ¿Se arrepiente de algo?

B: ¿Por qué habría de arrepentirme?

Aunque podría indagar mucho más, creo que esa respuesta lo dice todo. No finge ser fría, lo es. Continúo como si tal cosa. Aunque podría estar horas impregnándome de su misterio, lo mejor será acabar la entrevista cuanto antes.

C: Literariamente hablando, ¿cómo sería el asesinato perfecto?

B: Convencer a tu enemigo para que se quite la vida.

C: ¿Y la muerte perfecta?

B: La muerte perfecta es no morir y permanecer hermosa. Esa es una duradera, muy duradera, manera de morir, ¿no crees, preciosa? ¿Tú escribes novelas? ¿No? Tal vez deberías intentarlo.

Alimento su ego haciéndole saber que a su lado no soy nadie. A partir de aquí la conversación se torna intrascendente. Se toma el tercer vodka. Enciende su cigarrillo encasquetado en su larga boquilla y me suelta el humo a la cara. Ahora es ella quien me pregunta, añadiendo de nuevo seriedad a la charla:

B:¿Seguro que no escribes novelas? Deberías intentarlo. Necesito una chica, una secretaria que no sea perezosa. Dime cuánto ganas haciendo estas entrevistas y yo te pagaré el doble. Ya sabes dónde resido. 

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Muchísimas gracias, Rafael, por acceder a participar en otra de mis tantas locuras.

lunes, 25 de abril de 2016

Mil soles espléndidos, de Khaled Hosseini

SINOPSIS

Superando con creces el rotundo éxito de Cometas en el cielo —más de seis millones de ejemplares vendidos en treinta idiomas— la segunda novela de Khaled Hosseini saltó de inmediato al primer puesto en todos los países donde se ha publicado. Nueva demostración del asombroso instinto de gran narrador del que goza el autor, el libro cuenta la conmovedora historia de amistad entre dos mujeres afganas de orígenes muy dispares, cuyos destinos se entrelazan por obra del azar y de las convulsiones que ha sufrido Afganistán en los últimos treinta años.

Hija ilegítima de un rico hombre de negocios, Mariam se cría con su madre en una modesta vivienda a las afueras de Herat. A los quince años, su vida cambia drásticamente cuando su padre la envía a Kabul a casarse con Rashid, un hosco zapatero treinta años mayor que ella. Casi dos décadas más tarde, Rashid encuentra en las calles de Kabul a Laila, una joven de quince años sin hogar. Cuando el zapatero le ofrece cobijo en su casa, que deberá compartir con Mariam, entre las dos mujeres se inicia una relación que acabará siendo tan profunda como la de dos hermanas, tan fuerte como la de madre e hija. Pese a la diferencia de edad y las distintas experiencias que la vida les ha deparado, la necesidad de afrontar las terribles circunstancias que las rodean —tanto de puertas adentro como en la calle, donde la violencia política asola el país—, hará que Mariam y Laila vayan forjando un vínculo indestructible que les otorgará la fuerza necesaria para superar el miedo y dar cabida a la esperanza.


OPINIÓN PERSONAL

Quería estrenarme con este afamado autor y pregunté a mis amigos de Facebook por qué libro me recomendaban empezar. Entre Cometas en el cielo y Mil soles espléndidos andaba la cosa, y me decidí por este, ya que es prestado y así tardo menos en devolverlo. (Una escusa fácil para decidirme, pues mis amigos no me sacaron de dudas).

Impactante es poco. Me he metido en la piel de las protagonistas de tan manera que he podido sufrir sus golpes, padecer sus penas y sentir miedo ante la guerra y los bombardeos. Me he sentido madre, hija, esclava, acobardada… En definitiva, mujer afgana.

Desde el comienzo, la vida de Mariam es una consecución de desgracias a las que hace frente de una asombrosa forma entera y valiente. Su existencia es una consecución de piedras en el camino que no esquiva sino que carga a su espalda y continúa sobreviviendo. Me entristece mucho pensar que hayan existido vidas como la suya. Mujeres ultrajadas y desafiadas hasta el extremo por quienes llevan la severidad y el machismo como forma de vida. 

Por otro lado está Laila. Su infancia es tranquila y feliz junto a su familia. Estudia, se divierte y tiene libertad. Hasta que los bombardeos destruyen los cimientos de su historia y a todos los que la componían. A partir de aquí, su existencia no será muy diferente a la de Mariam, y juntas harán acopio de fuerza y coraje para salir adelante, cueste lo que cueste.

Es un libro precioso. Triste, pero precioso. Cuando una historia te envuelve de esa manera y genera tantísimos sentimientos en el lector, es porque es magnífica. Al margen de los gustos personales de cada uno, creo que nadie podrá decir que esta novela no es buena. Narrativamente hablando es un dulce.

Otra cosa es hablar técnicamente. Como en casi todas las novelas traducidas que conozco, el estilo y los recursos literarios dejan mucho que desear. En este caso hay abuso de las repeticiones y redundancias y exceso de pronombres en párrafos relativamente cortos donde eran innecesarios. Además, hay muchísimos términos que se conservan en su idioma original y a veces es muy confuso. Eso trastabilla un poco el ritmo lector, pero no se puede decir que sea molesto.

Pero volviendo a lo realmente importante, la historia es alucinante. Triste y evocadora. De las que te dejan días reflexionando y cuyos personajes difícilmente olvidarás.  Quizá el final no tenga la misma fuerza que el resto de la novela, pero en cierto modo se agradece, ya que vas de sobresalto en sobresalto desde el principio hasta casi el final.

He padecido muchísimo leyendo esta historia. En ocasiones lo he pasado realmente mal. Ser tan empática me juega muy malas pasadas y me he descubierto llorando en varias ocasiones. Pero… ¿acaso no es maravilloso que un libro consiga aflorar así los sentimientos?

Otro libro que añado a mi lista de recomendaciones. A todas luces, es una novela excelente.

lunes, 18 de abril de 2016

Victor Ros, el misterio de la casa Aranda, de Jerónimo Tristante

SINOPSIS

Víctor Ros es el subinspector más joven de Madrid. Llegar a este cargo no ha sido fácil. Esconde un oscuro pasado de ratero en las calles de la capital y como agente infiltrado en Oviedo. Pero la decisión que tomó el sargento Armando Martínez de apadrinar al joven y convertirlo en un gran policía ha dado sus frutos. Víctor liderará una nueva brigada destinada a luchar contra el crimen.

No tarda en llegar a su primer caso: en la casa Aranda, tres mujeres, en el transcurso de los años, han intentado asesinar a su marido después de leer un párrafo de la Divina Comedia de Dante. ¿Por qué estas palabras provocan esa terrible reacción? Por otro lado, una serie de crímenes convulsiona los bajos fondos de la ciudad: han aparecido varias prostitutas asesinadas y todo parece indicar que habrá más.

Víctor Ros, con la ayuda de Alberto Aldanza, un enigmático caballero que le instruirá en las técnicas forenses más avanzadas, se enfrentará a estos dos misterios recorriendo las altas esfera del Madrid de finales del siglo XIX y los lugares más peligrosos de la capital. Y serán dos mujeres muy distintas entre sí las que le ayuden a descubrir lo que está sucediendo. Pero adentrarse en las entrañas de estos intrincados casos supondrá un coste extraordinariamente alto...



OPINIÓN PERSONAL

Estoy teniendo mucha suerte con mi incursión en la novela policiaca. Empecé por la escritora Mercedes Gallego y tengo la sensación de no poder parar. Siempre he sido muy aficionada al thriller, pero la policiaca como tal, pura y dura, no me llamaba excesivamente la atención. Confirmo que es muy cierto eso que se dice de: “Cada novela tiene su momento y su lugar en el tiempo para ser leída”, y en mi caso, el momento de la policiaca ha llegado.

El misterio de la casa Aranda me ha parecido genial. No tengo nada que objetar sobre la prosa de Jerónimo Tristante. Además de crear una trama cautivadora que te invita a hacer tus propias pesquisas, consigue retrotraer al lector dos siglos atrás sin apenas despeinarse.

La ambientación es asombrosa y fácilmente reconocible y los personajes están más que logrados. Todos tienen pulso, ritmo y carisma. Son auténticos personajes dentro de sus personajes. Además, los diálogos son muy enriquecedores. Aportan un halo natural a la novela que difícilmente conseguiría a base de descripciones excesivas o narraciones interminables. Lo que más me ha gustado en este aspecto es la adaptación al lenguaje de la época y sus expresiones. Desde las primeras páginas identificas claramente a los señores de bombín y bastón y las damas con sombrillas y vestidos ceñidos a la cintura. 

El misterio de la casa Aranda es una novela completísima. Sin salirse del género encontraremos, amor, celos, crimen, venganza, secretos, confesiones, diversión y muchos datos históricos y científicos de interés. De esas que no puedes soltar hasta que la terminas. Desde luego, seguiré con la saga.

¡Que me aspen si la novela no me ha parecido maravillosa!