jueves, 8 de mayo de 2014

Las artes del escritor multiusos


Promociones, ofertas, novedades, libros gratis, bajada de precios, nuevos títulos, portadas de infarto...
Todo vale cuando se trata de vender y posicionar nuestra obra. Hacerla visible es tan complicado como encontrar una aguja en un pajar. En ocasiones pienso que existen más escritores que lectores y creo no equivocarme. Necesitamos ser vistos; las redes sociales son un escaparate inmejorable para aquellos que, como yo, no tienen recursos económicos para financiarse una campaña publicitaria en condiciones y tampoco disponen del respaldo de una editorial que hagan este trabajo por ellos. Incluso, muchos autores fichados por editoriales, no disfrutan de estos placeres, algo que no alcanza a mis entendederas, pues si la editorial, que es la dueña y señora de la obra, no promociona y distribuye su material para venderlo, ¿cómo pretende beneficiarse de ello? Pues a costa del trabajo del escritor, que hará todo lo que esté en su mano para que sus obras, a pesar de no ser ya de su propiedad, lleguen al máximo número de lectores posible. 
Pero las redes sociales son un arma de doble filo, pues el uso abusivo o inadecuado de las mismas puede jugar en nuestra contra. Sabiendo esto, la gran mayoría, decidimos asumir el riesgo.

Sin necesidad de pactar nada de antemano, los escritores nos aunamos y ayudamos unos a otros; nos leemos mutuamente, damos a conocer a nuestros lectores las obras de los demás y, si el título lo merece, lo recomendamos vehementemente. ¿O no? Al menos, así debería ser.

Pues resulta que, ingenua de mí, descubro que, en algunos casos, esto no es necesario; es decir, veo que la camaradería es tal, que todo vale. Es como ligar: Me mira, le miro, me sonríe, le sonrío, me guiña un ojo, me pongo colorada...
Vamos, que si tú me pinchas un "me gusta" yo te lo devuelvo y ¡hemos conectado! Entonces tú me promocionas y yo te promociono, independientemente de la calidad de nuestras obras. ¡Pá qué!
Y yo en ese juego, queridos míos, no voy a entrar.

No, porque mis años como crítica reseñadora no me permiten recomendar una novela que no he leído, por muy colegas que seamos. Y si la he leído y no me ha gustado, mucho menos. Creo que por encima de todo, debemos un respeto a los lectores. Si en su día una persona confió en ti, leyó tu obra y le gustó, es más que probable que para futuras lecturas se deje llevar por tu criterio. Y si tú, para ganar un puñado de nuevos lectores, le recomiendas una novela que ni siquiera has leído y esta resulta ser un fiasco, perderás credibilidad como crítico y, lo que es aún peor, como escritor.

Creo que debemos ser honestos y si nos consideramos compañeros de verdad, comencemos por ser lectores. Y lo digo con todo el cariño del mundo porque no se trata solo de la promoción, que será bienvenida, sino de lo mucho que podemos aprender los unos de los otros para mejorar en lo nuestro, que es escribir. Gracias a esto he descubierto a auténticos maestros en este arte; personas que hacen magia con las letras, verdaderos prodigios del lenguaje y la palabra y, de la misma forma, estoy aprendiendo mucho de lo que no se debe hacer.

Voy a poner varios ejemplos que, bajo mi opinión, son beneficiosos y perjudiciales:

Es muy bueno:
-Ser agradecido con tus lectores y dedicarles tiempo. A veces, tiempo es precisamente lo que necesitamos, pero si se busca, se encuentra.
-Hacer buenas recomendaciones literarias.
-Regalar de vez en cuando textos ilustrados de tu autoría. Somos escritores, escribir unas líneas y acompañarlas de una imagen no nos cuesta nada.
-Mostrarse optimista. Las penas y las malas noticias nos rodean, no seamos nosotros también los agoreros. Somos creadores de historias, de sueños. Si tenemos un mal día es mejor estar calladitos.
-Visitar otros muros o blogs y opinar sobre lo que ves. A todo el mundo le gusta sentirse acompañado.

Es horrible:
-El "yoismo". Hablar siempre sobre uno mismo aburre y cansa al personal de una manera brutal.
-La obsesión por alcanzar los primeros puestos en las listas de ventas. Es algo que todos anhelamos, pero está feo que se note.
-Las pataletas ante una crítica negativa. El lector no tiene porque estar equivocado si un libro no le gusta y, mucho menos, estar aburrido o ser tonto por haberse molestado en escribir su opinión sobre el libro. Si la crítica es ofensiva, estaríamos hablando de otra cosa, entendedme.
-Reivindicar el lugar que mereces como escritor. Deja que eso lo hagan otros por ti. Los escritores no somos líderes, nos debemos a los lectores. No pretendamos que nadie nos siga como un rebaño de ovejas, es absurdo.
-Contar tus miserias. Dar pena no es la forma más acertada de generar audiencia. En nuestra industria, no.

Aunque últimamente leo reseñas de ciertos libros que me dejan fumando en pipa, sigo confiando en el criterio de los lectores, aunque bien es cierto que es muy fácil dejarse llevar por las modas y lo que se lleva hoy en día se aleja bastante de lo que la literatura española está acostumbrada a firmar.

No quiero dármelas de lista con este post, simplemente he utilizado la lógica y mis conocimientos de marketing para analizar la situación que estamos viviendo actualmente y los caminos que creo son los adecuados y los incorrectos. A partir de aquí, cada uno seguiremos usando nuestras armas para promocionarnos y ser leídos, trataremos de despuntar por una razón u otra y, si somos honestos, recomendaremos a otros autores con conocimiento de causa pero, ¡ojo!, en esta jungla, todo vale, y no todos pensarán como yo.

Y ahora quiero aprovechar para dejaros, de forma voluntaria y porque me da la gana, una lista de libros escritos por autores contemporáneos que no os decepcionarán. Están enlazados a amazon para que podáis leer los comentario de los lectores y acceder a la compra si así lo deseáis.

Un abrazo.


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